— ¿No habrás visto una pelota?
—Pues No. Pero podrías pasarte luego, por si apareciera.
Continuaba con sus quehaceres cuando Antonio, el de la hacienda más rica del pueblo, la llamó. Volvió con desgana sobre sus pasos. Él azorado y compungido, con apariencia aún más boba de lo habitual, le dijo:
—Marcelina, yo… mi madre… no podemos volver a vernos.
—Antoñito no te preocupes tanto, ¿quién te había dicho que tenía yo intención de volver a verte? ni a ti, ni a tu madre, ni a nadie de tu familia.
Se dio media vuelta, la cabeza alta sostenida por la rabia y una ilusión creciendo en su interior, al acariciar la pelota de cuero que todavía escondía en el bolsillo.
Relato para Esta Noche te Cuento
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¡Qué picarona la señora!, jajaja
ResponderEliminarBesos
Hola Julia, Marcelina supo sacar partido a las circunstancias y jugó sus cartas.
EliminarUn beso.
Quien será esa señora? Jaja. Muy bonito, asun, en tu linea.
ResponderEliminarYa ves Felipe, ando sentimental.
EliminarUn besazo
Asun,esta vez se me han saltado las lagrimas...esa mirada...esos protagonistas...lo que hubiera dado por conocer a Abdon...yo y mi Alba...
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