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Espero os gusten los pequeños relatos que compartiré, así como lo que me ronde por la cabeza y me parezca importante compartir.


Ilusión

Ilusión
Que la ilusión nos acompañe todos los días del año.

lunes, 20 de julio de 2015

La losa

Algo no iba bien. No era el vestido que le quedaba perfecto, aunque fuera el de su cuñada que se había casado cuatro años antes. No eran los invitados, que acudieron a la cita, adecuadamente vestidos, la emoción pintada en sus caras. Todos la querían y deseaban sinceramente su felicidad. Igual que su familia. Pero algo no iba bien. ¿Qué pasaba? ¿Qué sensación era esa? Respiró, se tomó un segundo para responderse. Dejó la mente en un blanco tan inmaculado como su vestido y contempló la única imagen que se repetía en un bucle interminable: Una compacta losa cayéndole encima.

Asun©3 de julio de 2015
Imagen de la red

jueves, 18 de junio de 2015

Tranquila, mamá.

Toses en la habitación de su madre la sacaron de su duermevela. Aguardó unos minutos calibrando el grado de ahogo y la frecuencia de los ataques. Un acceso, un suspiro hondo y otro aún más profundo que el anterior.
     Mecánicamente se levantó, se calzó las zapatillas. La temperatura se había desplomado, aunque, camino de la habitación, no era eso lo que la hacía temblar.
     Su madre seguía en la misma posición en que la había dejado al acostarla, excepto por la mano que caía descuidadamente fuera de la cama, como sin vida.
     Al encender la lamparita le descubrió un mohín, un puchero infantil, pero que resultaba grotesco en su arrugado rostro. Le acomodó la almohada y le retiró un mechón blanquecino, rebelde. Metió de nuevo su mano bajo el edredón y le secó un hilillo de saliva que se escapaba por la comisura de su torcida boca. Finalmente depositó un beso dulce y breve en la frente al tiempo que susurraba, acunándola con ternura, “tranquila mamá, estoy aquí, yo siempre te protegeré”.

     Luego regresó a su habitación luchando con los monstruos que la acechaban en el pasillo, apremiándola con susurros envolventes, para que hiciera “descansar” por fin a su madre.
 
Asun©11/06/15

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jueves, 11 de junio de 2015

Noël y Natillas

   

Relato para un acto de solidaridad para salvar perritos que han sido abandonados. (El Campito) organizado por mis amigas Luz y Marina.
-*-*-*
 Noël nació un hermoso día de Navidad. Aunque sus padres estaban impacientes porque llegara, cuando lo hizo fue una sorpresa, pues le quedaban dos meses para la fecha prevista. Todos los bebés son los más bonitos, al menos para sus padres y no digamos para sus orgullosos abuelos. Pero Noël era realmente precioso. Siempre estaba tranquilo, no protestaba jamás, ni al despertarse, ni en el baño, ni siquiera cuando tenía hambre era capaz de llorar mucho. Pronto esta tranquilidad empezó a preocupar a todos, incluido su médico. Noël tenía un problema grave, vivía en su mundo, ajeno a la realidad que le rodeaba.
     Mientras Noël llegaba al mundo, en las afueras de la ciudad nacían también otros tres bebés. Estos lo hacían entre escombros y basuras. Su madre a pesar de estar escuálida sacó fuerza para asearlos con grandes lametones y abrigarlos del intenso frío con su cuerpo. Solo cuando los supo calentitos y seguros se permitió descansar un poco. Ella era una superviviente, había salido adelante después de ser abandonada cuando creció y dejó de parecer un juguete. Los cachorros heredaron su vitalidad y al cabo de unas semanas eran incontrolables y se aventuraban a salir cada vez más lejos del callejón. Sobre todo el de color vainilla que esa mañana se topó con un obstáculo inesperado, el camión de la basura.

     María, como tantos jóvenes que acababan sus estudios universitarios, no tenía trabajo. Se había graduado en Ciencias Ambientales porque estaba convencida de que nuestro planeta merecía una oportunidad para salvarse y ella se la iba a dar. De momento acababa  de encontrar un empleo relacionado con el tratamiento de residuos, aunque concretamente se encargaba de su recogida. Ese día al entrar en uno de los callejones más sucios algo se movió. Rezó para que no fuera alguno de los  roedores que eran su pesadilla. Nada más lejos de lo que realmente encontró, un cachorrito de color amarillo claro que, juguetón, lamía un envase vacío de natillas.
     Noël salía acompañado de su madre, como todas las mañanas para aprovechar el sol invernal. Se cruzó con María que regresaba de su trabajo y se paró a saludarle, no sin antes disculparse porque era consciente del olor que dejaba en ella su desagradable trabajo. Sin embargo a la madre de Noël no le importó pues apreciaba el cariño con que la muchacha mimaba al niño. Una bola peluda saltó del bolso de la muchacha y se las ingenió para colarse entre los bracitos inertes del niño. Alarmadas las dos mujeres trataron de impedirlo, pero ambas quedaron mudas al ver que Noël no solo no daba muestras de susto, sino que además sonreía, Noél sonreía y lo hacía con la mirada puesta en el cachorro, que a su vez lo observaba con curiosidad. María no tenía palabras pero la madre simplemente lloraba, aunque a la vez reía. Hasta entonces nada ni nadie habían llamado la atención del niño. La muchacha explicó que se trataba de un cachorro que encontró mientras trabajaba y que había decidido quedárselo, después de entregar a sus hermanos y madre a una asociación protectora. Le pensaba  llamar Natillas, por el color y por la forma en que lo encontró.
     Pero estaba claro que Natillas y Noël eran ya inseparables, ambos habían nacido el mismo día, a la misma hora y su destino era llegar a encontrarse.

 Asun©11/06/15

miércoles, 3 de junio de 2015

El lobo que cuidaba ovejas

 “La inquisición no tardará en llegar” Escuchó nítidamente, cómo lo decían sus alumnos ¿Eso pensaban de mi? ¡Si les consiento todo! Simples niñatos, es lo que son. ¿Acaso los he tumbado de un guantazo? Y bien que lo merecen, son ruidosos y no pierden la ocasión para reírse, como si la vida fuera una fiesta. Si los viera mi padre, ese sí que tenía buena mano, a los cinco o seis años, me cruzó la cara y me saltó un diente. No importó, fue por mi bien y solo era de leche. Inquisición, dicen. Cualquier día hago como mi viejo. A ver cómo me llaman luego.

Imagen de la red.
Asun©21 de mayo de 2015

jueves, 14 de mayo de 2015

Amanece

Amanecía. 
     Nunca deseó tanto ver la claridad que daba color al horizonte, perfilando poco a poco las siluetas de los montes circundantes. Pudo contemplar la dimensión de sus heridas. Si esperaba que todo hubiera sido un sueño, ahora tenía la prueba de su realidad. 
Pero estaba a salvo, aquel árbol tenía un hueco donde había pasado la noche, entre aullidos y la lucha por controlar la sangre que manaba de su cuerpo. 
Los aullidos habían cesado. Asomó la cabeza unos centímetros. Le llegó una ráfaga tibia de nauseabundo aliento, acompañada de un gruñido bestial y la última imagen que vería en vida: unos enormes colmillos que la atravesaron con implacable rapidez.





®Asun 30 de mayo de 2013
imagen de la red

domingo, 10 de mayo de 2015

Doce cañones

Marie observaba a Antoine. Le había visto enmudecer paulatinamente y al mismo ritmo aumentar las arrugas que enmarcaban su frente. Tras tantos años vividos a su lado conocía cada centímetro de su piel y cada sentimiento de su corazón por ello sabía que le ocurría esto cada vez que entregaba un encargo.
     No importaba si era una hermosa reja o una simple sartén. Todas las piezas salidas de sus manos, que tenían una inconfundible calidad y delicadeza, eran para él como hijos paridos de sus entrañas.
     Los hijos que ella no había podido darle.
Sus manos tan rudas y grandes, dulcificaban y daban vida a los metales.
     Si por algún revés del destino él  tuviera que elegir entre ella y la fragua, Marie sentía una punzada en su corazón al saber la respuesta. Punzada que se convertía en puñalada certera, cada vez que le veía acariciar el resultado de su último encargo.
      Una obra de colosal dimensión y bellísimo conjunto. Doce magníficos cañones, que el mismo Napoleón vendría a recoger.
Pero ¿podría él entregarlos?
     Supo la respuesta la madrugada del día señalado. Vio partir al Emperador Napoleón I, al Primer Cuerpo de Caballería, a los doce cañones y… a Antoine.


Relato para Esta Noche Te Cuento, puedes verlo y comentar pinchando AQUÏ

Asun©10 de mayo de 2015

sábado, 11 de abril de 2015

Quita el tapón y cuenta hasta 20

      

     El sol nos quemaba, como no podía ser de otra manera y aún así estábamos radiantes. El coche parecía aguantar todo cuanto le pedíamos, pero esta vez se había rendido a la suavidad de las arenas. Se hundía en un dulce abandono, como si quisiera disfrutar de un merecido descanso. 
    También nos hubiéramos dejado caer nosotros perezosamente sobre ese colchón rojizo tan tentador. Sin embargo nos afanábamos en sacar el auto del sopor en que parecía haber caído. Yo con la pala, achicando desierto, tú dando muestras de tu mejor cualidad, ese ánimo siempre arriba y tu gran capacidad de trabajo y cooperación. Por ello te pedimos que desinflaras las ruedas y para hacerlo por igual lo mejor era que dejaras salir el aire durante el mismo tiempo en todas ellas.

— Quita el tapón y cuenta hasta 20.
Dicho y hecho, te vimos quitar el primer tapón y con inmensa concentración quedarte mirando la rueda. Arrodillada en la duna, tan seria, “dieciocho, diecinueve”, esperando el milagro.
No lo podíamos creer, estallamos en una carcajada conjunta y eso que resultabas tan inocentemente encantadora.
— ¿Qué pasa? Estoy contando y he quitado el tapón.
     Tu cara lo decía todo no entendías nuestras risas, evidentemente no habías desinflado muchas ruedas, no. Hay que hacer algo más que quitar el tapón, un pequeñísimo detalle, porque si no, el aire no va a salir, ya cuentes hasta 20 o hasta 30.
     Esa jornada y otras después, más que el coche 616, fuimos el equipo del “quita el tapón y cuenta hasta 20”
Finalmente lo conseguimos y las arenas nos dejaron otras imágenes excepcionales, de las que se guardan como tesoros y nos dicen que no hay mejor aventura que la de vivir...



**Para Alberto, que ha cumplido un sueño, el de participar en el Rally Solidario del Atlas y para Bea que ha sido la mejor compañera de aventuras y digna merecedora de la frase "quita el tapón y cuenta hasta 20"
Asun©11/04/15

miércoles, 25 de marzo de 2015

Esta cárcel, mi cuerpo.


 Esta cárcel, estos hierros. No son duros los míos, apenas un poco de carne, mucha piel y leves huesos. Mi querida Teresa, compañera de desvelos. Esperabas tú encontrar la salida aún a costa de dolor tan fiero. Mas yo, sí que muero. ¿Cómo y quién me sacará de la cárcel en que se ha convertido mi cuerpo?
     Pero no muero y amanece otro día y otro día luego.
    De nuevo te leo, Teresa, tu tan sabia, tan cierta y sin embargo tan sencilla. Repito tus versos: ¡Ay que larga es la vida! ¡Qué duros estos destierros!

Asun 17de narzo de 2015


Puedes ver y comentar también  AQUI

martes, 17 de marzo de 2015

Supervivientes

     Pintando aquellos extraños bisontes, se había quedado dormida. Resultaba enternecedor el dulce abandono de su cabeza recostada y sus manitas sujetando apenas el lápiz.
     Después de escuchar el duro diagnóstico, nunca lo quise asimilar, convirtiéndola en mi sombra. Siempre a mi lado compartiendo mis rutinas y yo siempre presente en las suyas.
     Por las tardes la sentaba junto a mí, yo trabajaba pintando mientras le contaba cuentos improvisados sobre mis dibujos. Hace unas semanas salió de su mutismo.
Desde entonces coge torpemente mis lápices de colores y canturreando, no cesa de crear esos animales. Animales fuertes, poderosos, supervivientes como ella.
Asun©17/03/15
Imagen de la red

martes, 20 de enero de 2015

Te doy mi corazón

 “Usted es el primero que la abre” 

Se estremeció al oír la voz a su espalda. Era Juan, el anciano que parecía pertenecer a la casa, casi tanto como las paredes, las puertas o el mismo tejado. El conocía mejor que nadie la historia de su familia.  Desde que era capaz de recordar, siempre había estado allí. “Era de ella”, volvió a decir Juan.

Cerró la caja. Demasiado impresionado y demasiado tarde para arrepentirse. Ya nunca olvidaría aquella imagen, esa especie de víscera carcomida por los años. Junto a ella una nota de pulcra caligrafía, casi infantil.
Te doy mi corazón.
                                                      Amelia.






Asun©14 de enero de 2015-01-20
imagen recogida en la red

martes, 6 de enero de 2015

Envidias.


     Sin saber por qué, le di un puñetazo. Me arrepentí en el momento que mi mano tocó su cara, deseé no hacerle daño, no dejar ninguna marca en su sedosa y rosada piel. No quería rasgar sus delicados labios dejando escapar ese rojo néctar que los coloreaba de modo irresistible.
     Mas, cuando mi puño llegó a su rostro supe que su cara no sería nunca la misma. Su ovalo dejaría de ser perfecto. Su sonrisa caería del lado en que el maxilar se iba a partir. dibujada por unos labios desfigurados en una mueca absurda.  Su nariz parecería la de cualquier chato boxeador. Y aún así, sonreí triunfal.




Imagen de la red.

Asun©27 de diciembre de 2014

martes, 23 de diciembre de 2014

Me gusta la Navidad

Entramos en las últimas semanas del año. Entre música de campanillas, y árboles florecidos de luces. 
Y frío.
Me gusta ver la ilusión en los ojos de los niños. Me gusta ver la esperanza en los ojos de los padres. Me gusta el esfuerzo por quererse un poco más de los hermanos.

Me emociono con las historias de familias que superan malas rachas y hacen lo imposible por tener una cena especial.

Me emociono con la solidaridad de los que están un poquito mejor y comparten alguno de sus manjares.


Y me ilusiona pensar que la humanidad aún tiene mucho que decir y hacer, y todo es posible.

¿Verdad que todo es posible?





Asun©12 de diciembre de 2014

viernes, 12 de diciembre de 2014

Líneas de puntos

Había escrito cien veces: "te quiero”
Pero muy pocos podrían leerlo. A veces se había servido de esta circunstancia para desahogarse y gritar en el papel lo que no podía decir en palabras. La impotencia de caerse al bajar o subir casi todos los bordillos. El contratiempo de pisar la mayoría de los charcos. Escuchar la frase que se le clavaba como un puñal: ¡A ver si miras por dónde vas!
Entonces escribía toda clase de maldiciones contra el destino que hundió su vida en la oscuridad.
Sin embargo hoy todo eso quedó atrás.
Sonríe mientras otra línea de puntos se añade a las anteriores. 

Asun©30 de noviembre de 2014
Imagen de la red.



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Marianita, la blanca.

Marianita, la blanca, estaba a un paso de arder en la hoguera.
Al filo de las doce de la noche del último día del año, con la última campanada del reloj de la catedral, comenzaría la danza del fuego.
Quizá su destino estuvo escrito el mismo día en que nació.
Demasiado blanca para su clase. Delicada y dulce hasta desesperar. El amo dudó de su paternidad. Semejante birria de niña no podía ser de su cosecha, aunque tampoco parecía hija de esa poderosa jaca que era la Mariana.

Marianita creció a golpes, porque el amo cerraba los ojos para no ver su fragilidad y la trataba peor que al resto de sus criados. Ella etérea y liviana lo resistía todo.

A los 15 años era hermosa, su tez no se había oscurecido un ápice y su cuerpo aunque  menudo, tenía  proporciones justas para enloquecer.
El amo perdió la compostura por ella y su hijo Rodrigo, perdió mucho más, el entendimiento entero.

¡Bruja! Acusaron públicamente. ¡Bruja! La niña era capaz de arrebatar almas y conciencias, guiada sin duda por el maligno. Así resolvieron tan incómoda situación.

31 de diciembre, noche cerrada.
Marianita, la blanca, daba su último paso hacia la hoguera.

  

Asun©9 de diciembre de 2014

Puedes comentar en Esta noche te cuento













Imagen de la red

lunes, 1 de diciembre de 2014

Un sitio en el mundo para Sara.( 3 día internacional de la Discapacidad)

Acababa el mes de junio, no tenía mucho que hacer.  Terminaba de volver de un viaje por algunas capitales europeas con los compañeros de la universidad. Todos los exámenes aprobados y sin un duro en los bolsillos. 
Así las cosas mi madre me estaba proponiendo un trabajo.
   
El trabajo que menos hubiera podido imaginar. Cuidar niños. Al ver mi reacción, me lo explicó: no se trataba de bebés, ni de niños de ninguna otra edad. Se trataba de Sara, la hija de Julia y Paco, sus amigos. Sería en principio todo el mes de julio.

     Sara tiene mi edad, pero es muy especial, yo nunca supe a qué tipo de “niños especiales” pertenecía, pero a medida que dejamos de ser niños, quedó patente que había una distancia que nos separaba, ese límite intelectual imaginario que hace que unas personas avancen y otras se queden detenidas en los primeros cursos del colegio para siempre. Sin embargo ese pequeño retraso no se apreciaba fácilmente en el resto de su vida diaria.

Acepté, conocía a Sara, aunque ahora hacía tiempo que no la veía, recordaba que era muy divertida, y el trabajo solo consistía en estar con ella durante la mañana, simplemente para que no estuviera sola. Evidentemente no tendría que cuidarla en el sentido estricto de la palabra, solo hacerle compañía, compartir el desayuno, y ayudarla si necesitaba algo. Y en su casa tenían piscina.
  
 El primer día me impresionó, me pareció preciosa, pero preciosa, no como Heidi, preciosa como… bueno preciosa quizá no era la palabra, me pareció deseable.

Julia se marchó entre recomendaciones de todo tipo, y recordándome que si ocurría algo la llamáramos inmediatamente, pero me dio un beso y me aseguró que se iba “supertranquila” y que me agradecía mucho que estuviera allí.

Pronto comprobé que Sara era muy parecida al resto de mis amigas de 20 años. Eso sí un poquito más lenta y con un deje de tartamudeo al hablar y ese dejar la boca demasiado tiempo abierta, a veces le caía un hilillo de saliva, que ella limpiaba azorada, y en varias ocasiones comprobé que aprovechaba esto para convertirlo en un gesto sensual y sexi, que al principio me dedicaba tímida, pero luego creo que lo hacía con el mayor desparpajo.

Al cabo de una semana, ya nos habíamos creado una rutina, desayunábamos, veíamos la tele y recogíamos un poco la cocina, luego salíamos al jardín y nadábamos. Era genial nadar junto a ella,

Sara nadaba estupendamente, tenía su habitación llena de diplomas,  medallas y copas, no en vano entrenaba en un club y había competido en el campeonato de España. Esto me había impresionado de verdad, porque tenía delante de mí a una persona nueva, mucho más interesante y valiosa de lo que había imaginado hasta ahora.

 Cuando finalizaba el mes de Julio, yo estaba muy nervioso. Y no era capaz de saber que me ocurría, o no era capaz de reconocerlo.
No había ningún momento del día en que Sara estuviera fuera de mi pensamiento. Tampoco en las noches se iba de mí, soñaba con ella, me despertaba con ella, quería estar siempre a su lado.

Ese día habían quedado todos mis amigos, haciendo un esfuerzo se pusieron de acuerdo, pues luego cada uno se iría de vacaciones y posiblemente no se verían hasta principios del curso siguiente. Así que acepté ir, pero  llevando a Sara.

Esa mañana se lo propuse a ella, y antes de que su madre se fuera a trabajar, le pedí permiso. Se negó rotundamente. ¡N0!, Sara no saldría de fiesta ni conmigo ni con nadie.

— ¿No te das cuenta? ¿Cómo vas a salir con ella?, mírala, ¿qué va a hacer entre tus amigos?, se van a reír de ella y tú los acompañaras en sus burlas. Seguro que eso es lo que has hecho todo este mes, burlarte de ella, la pobrecita y boba de Sara.

— ¿Pero qué estás diciendo?

Me levanté, totalmente indignado alcancé la puerta y prefí salir, pues no tenía palabras para seguir esa conversación.
Tanto como las palabras me había herido el tono de desprecio con que las pronunció, especialmente la última frase “la pobrecita y boba de Sara”

Sara lloraba, y su madre también. Iba a marcharme arrebatado por la rabia y la impotencia de haber escuchado aquello en boca de Julia. Pero respiré, no podía dejar así a Sara,  respiré hondo y volvió sobre sus pasos. 

- Julia, eso que acabas de decir, no es cierto, lo sabes. No creo que lo pienses. Puede que Sara tenga un problema, una enfermedad, lo que sea. Pero si la mantienes lejos del mundo, como hasta ahora, eres tú la que creas y agrandas esa diferencia. Yo mismo lo pensaba, Sara, la niña eterna, nunca hubiera pensado en verla conmigo o con mis amigos de fiesta una noche. Hasta que la he conocido.
Deja que el mundo la conozca, y que ella se mezcle con el mundo.
Yo la quiero, creo que ella también a mí. Y queremos vivir este momento, creo que tenemos derecho.
Y mis amigos no son ogros, conocerán a Sara y la querrán como yo, pero tienen que conocerla.

Este discurso hizo que Julia se sintiera mas avergonzada. Y musitara un “perdonadme”, mientras se dejaba caer en la silla.

Sara iluminó su cara con esas sonrisas que hacían que el mundo se volviera mágico, y la abrazó.
Luego se volvió hacia mí, y me besó con un beso que parecía inocente, pero estaba lleno de seguridad.

Julia se rindió a la evidencia. El destino estaba poniendo a todos en su sitio.  Nos vio  juntos, con las manos entrelazadas y supo que yo estaba allí para rescatar a su hija.

Para enseñársela al mundo.

Para permitir que Sara encontrara su sitio en él.





Asun© 28 de agosto de 2013
imagen tomada de la red







miércoles, 19 de noviembre de 2014

Confusión mañanera

      Empezó a pensar en un nuevo teorema. El último que había llamado: Caída libe del músculo buccinador, no tuvo una acogida acorde a lo que se esperaba. 
     Claro que la culpa fue de la confusión mañanera de la asistenta. Si los envíos hubieran llevado la dirección correcta todo hubiera salido bien. 
Las monjitas que atienden a su  padre no habrían recibido un tratado incomprensible y con ciertas fotografías, cuando menos, desagradables y escabrosas. Y el jurado de los nobel en Suecia no habría pasado el bochorno de inspeccionar las mudas de su padre. Aunque, eso sí, al menos eran nuevas.


Asun©11 de noviembre de 2014
Imagen cogida de la red

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Dulce sueño

      El muñeco fue el primero en cerrar los ojos. Lo acarició con el mismo cuidado y dulzura con que lo haría al niño que estaba por llegar. Duerme mi niño, duerme mi estrella que yo te cuidaré. 
Con su propio arrullo se durmió ella también.
      Unas manos pequeñas acomodaron su pelo en la almohada y una boquita aún sin perfilar continuó su nana. Duerme mi luna, duerme mi reina que muy pronto llegaré.

Asun@30/10/14

martes, 21 de octubre de 2014

El mejor regalo


      Imaginó que estaba en una casa grande. Sus padres eran los dueños y tenían varios criados. Uno de ellos la acomodó en una mesa enorme, repleta de cosas riquísimas. 
Un precioso paquete con lazos rosas esperaba en su dormitorio. La casa de muñecas que tanto había deseado era su regalo de Navidad. Era feliz, pero sentía un vacío extraño. 
Algo rozó su cara y le hizo despertar. Su madre la arropaba con un dulce beso que escondía una lágrima por no poder ofrecerle nada más. Abrió los ojos y olvidó todo lo soñado. 
Sonriendo, supo que tenerla a su lado era el mejor regalo posible.



Asun@16/10/14
Imagen tomada de la red

lunes, 20 de octubre de 2014

Mar de polvo cósmico

Cuaderno de bitácora, fecha estelar 2014-10-14.
Después de atravesar un mar de polvo cósmico, la nave Enterprise de la Flota Estelar de la Federación Unida de Planetas avanza hacia una masa indeterminada envuelta en una nebulosa azulada.
El capitán contempla la imagen tras la cristalera del puente de mando.
— ¿Qué cree que habrá detrás de esa neblina azul, capitán Kirk?
— ¿Quién puede saberlo? esperemos a que vuelva la patrulla de reconocimiento.
— ¿Es cierto que nuestros mapas no muestran nada en este cuadrante espacial?
— Veo que mi tripulación no pierde el tiempo. Es cierto, nada debería haber entorpecido nuestro navegar en estas coordenadas.
Una alarma de sonido estridente interrumpe la conversación. Los tripulantes de la nave que acababa de regresar hacen su entrada de modo atropellado.
— Capitán, capitán— el hombre que habla cae pesadamente a los pies de su superior.
— ¿Pero qué es esto? Doctor McCoy, es una suerte que se encuentre aquí, díganos ¿qué le ocurre al ingeniero Scotty?
Todos quedan quietos, como suspendidos en el tiempo.

— Toma válida, muy bien chicos, lo dejamos aquí. Gracias a todos. Mañana a la misma hora. Y mucho cuidado con los trajes, son una reliquia de museo. Señor Spock, a ver esas orejas…

Asun©14/10/14
También puedes comentar A Q U I

lunes, 6 de octubre de 2014

La ruina

       Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer. Por eso la contraté, su musicalidad podría amansar a las fieras. Y así ha sido.
Los tigres forman filas indias para recibir su comida, guardando riguroso turno. Los leones usan champús y mascarillas para su melena. Las jirafas lucen originales gargantillas o collares de bisutería, según la ocasión y día. Las cabras montesas tienen sumo cuidado con sus brincos, no vaya a saltárseles el esmalte de sus pezuñas. Las focas y leones marinos emiten finos grititos muy entonados.
 Ella está feliz, cual Blanca Nieves trotando por el bosque. Pero a mí me ha arruinado la vida y el zoo.
Asun©30/09/14