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Espero os gusten los pequeños relatos que compartiré, así como lo que me ronde por la cabeza y me parezca importante compartir.


Ilusión

Ilusión
Que la ilusión nos acompañe todos los días del año.

martes, 13 de octubre de 2015

Cumpleaños

   
      El puñetero ojo de la cerradura era demasiado pequeño. No conseguí ver nada. Pero los ruidos procedentes del cuarto eran suficientemente reveladores. Traqueteo de muelles, gemidos y hasta algún gritito sofocado.  Me fui de casa no dando crédito. No podía ser. No, él no, jamás. Y menos el día de mi cumpleaños.
     Volví ya muy entrada la noche, con mil mensajes y otras tantas llamadas ignoradas. Él me esperaba y parecía preocupado de veras, entonces vi una caja que se movía, rodeada de un gran lazo rosa. Dentro mi regalo, que jadeaba y daba grititos agudos.
— No sabes la pelea que tuvimos hasta que lo conseguí meter ahí.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Cincuenta y tres

      ¡Cuánta fuerza y qué poca puntería! Era lo que me decía mi padre, cada vez que despachaba a algún mozo con cajas destempladas. Siempre fui tan temperamental como impetuosa. Para bien o para mal, invertía el orden de los factores. Primero actuaba, luego pensaba y el resultado si que alteraba el producto. Con los años aprendí a contar, hasta diez, hasta cincuenta, me volví dócil, pacientemente sumisa. En boca de los demás, simplemente con él encontré la horma de mi zapato. Hasta hoy.

      Cincuenta y uno, cincuenta y dos… suficiente, se acabó. O lo mato yo, o tendré que morir en sus brazos.

Asun©16/09/15

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Olviditos

     Al abrir el contenedor, se dio cuenta de que estaba empezando a olvidar el nombre de las cosas. Miraba aquellos objetos sin poder nombrarlos. Esto le atormentaba sobremanera. Sin embargo recordó tranquilamente, para qué los había utilizado. Algo  fino de afilado corte, que acarició, igual que cuando lo hundió en el corazón de ella. Un cabo de cuerda, fuerte y ancha, con la que le inmovilizó brazos y piernas. Un mechón de algo rubio. Una especie de fundas, de las cuales solo necesitó una para introducirla antes de tirarla al canal.
     Imposible, no era capaz de recordar.


     A media mañana, apesadumbrado volvió al sótano, repentinamente miró al contenedor y triunfal dijo casi gritando: Baúl, cuchillo, soga, pelo, bolsas.

Asun©2 de septiembre de 2015

viernes, 21 de agosto de 2015

La bicicleta de la señora Carmen

En cuanto supo que tenía nueva vecina, doña Carmen llamó a mi puerta para presentarse. Era una mujer preciosa, a sus ochenta años largos conservaba un distinguido porte y me sorprendió comprobar cómo congeniamos de inmediato.

    Tanto que decidimos adoptarnos. Al fin y al cabo a mí me faltaba una abuela, ya que no había conocido a la mía materna y ella decía no tener hijos y añoraba la compañía de algún nieto.

     Sin embargo, mi madre no entendía esta complicidad.

     Mi madre era  adusta y desconfiada, quizá porque perdió a la suya cuando era muy niña en traumáticas circunstancias.

     Una tarde Carmen me regaló uno de sus mayores y mejor conservados tesoros: su bicicleta. Una reliquia de los años 40, pero tan limpia y dispuesta, como si nunca hubiera dejado de usarse.
Resultado de imagen de bicicletas de los años 40
     Como no me cabía en casa me convenció para que la guardara mi madre. Aunque precisamente ella aborrecía, sin saber exactamente por qué, las bicicletas. Carmen insistió: “Tú dile que venga, que esta le va a gustar”.

     Cuando la vio, dudó unos segundos pero pasó su  mano por el lomo metálico, acariciándolo,  como si ya conociera ese tacto. Luego miró a Carmen y temblando dijo: “¿eres tú?”



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lunes, 17 de agosto de 2015

Momentos//Reencuentro

Amanece, voy a tu encuentro.
Saludan mis pies, sonríe mi cuerpo,
Te acercas, aún con respeto, improvisas una caricia tierna.
Ha pasado tanto tiempo.
Buscas mis huellas, juegas alrededor, dudas.
¿Serán de ella?
Son profundas y tú extrañas aquellas, tan livianas como eran.
      Soy yo, si.
  Cargada de  vida, que ya me pesa.
          Momentos.
    Un grano de arena, una cresta de espuma,
      Una brisa que se transforma en viento
     Amanece, vienes a mi encuentro.



                                              

lunes, 20 de julio de 2015

La losa

Algo no iba bien. No era el vestido que le quedaba perfecto, aunque fuera el de su cuñada que se había casado cuatro años antes. No eran los invitados, que acudieron a la cita, adecuadamente vestidos, la emoción pintada en sus caras. Todos la querían y deseaban sinceramente su felicidad. Igual que su familia. Pero algo no iba bien. ¿Qué pasaba? ¿Qué sensación era esa? Respiró, se tomó un segundo para responderse. Dejó la mente en un blanco tan inmaculado como su vestido y contempló la única imagen que se repetía en un bucle interminable: Una compacta losa cayéndole encima.

Asun©3 de julio de 2015
Imagen de la red

jueves, 18 de junio de 2015

Tranquila, mamá.

Toses en la habitación de su madre la sacaron de su duermevela. Aguardó unos minutos calibrando el grado de ahogo y la frecuencia de los ataques. Un acceso, un suspiro hondo y otro aún más profundo que el anterior.
     Mecánicamente se levantó, se calzó las zapatillas. La temperatura se había desplomado, aunque, camino de la habitación, no era eso lo que la hacía temblar.
     Su madre seguía en la misma posición en que la había dejado al acostarla, excepto por la mano que caía descuidadamente fuera de la cama, como sin vida.
     Al encender la lamparita le descubrió un mohín, un puchero infantil, pero que resultaba grotesco en su arrugado rostro. Le acomodó la almohada y le retiró un mechón blanquecino, rebelde. Metió de nuevo su mano bajo el edredón y le secó un hilillo de saliva que se escapaba por la comisura de su torcida boca. Finalmente depositó un beso dulce y breve en la frente al tiempo que susurraba, acunándola con ternura, “tranquila mamá, estoy aquí, yo siempre te protegeré”.

     Luego regresó a su habitación luchando con los monstruos que la acechaban en el pasillo, apremiándola con susurros envolventes, para que hiciera “descansar” por fin a su madre.
 
Asun©11/06/15

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jueves, 11 de junio de 2015

Noël y Natillas

   

Relato para un acto de solidaridad para salvar perritos que han sido abandonados. (El Campito) organizado por mis amigas Luz y Marina.
-*-*-*
 Noël nació un hermoso día de Navidad. Aunque sus padres estaban impacientes porque llegara, cuando lo hizo fue una sorpresa, pues le quedaban dos meses para la fecha prevista. Todos los bebés son los más bonitos, al menos para sus padres y no digamos para sus orgullosos abuelos. Pero Noël era realmente precioso. Siempre estaba tranquilo, no protestaba jamás, ni al despertarse, ni en el baño, ni siquiera cuando tenía hambre era capaz de llorar mucho. Pronto esta tranquilidad empezó a preocupar a todos, incluido su médico. Noël tenía un problema grave, vivía en su mundo, ajeno a la realidad que le rodeaba.
     Mientras Noël llegaba al mundo, en las afueras de la ciudad nacían también otros tres bebés. Estos lo hacían entre escombros y basuras. Su madre a pesar de estar escuálida sacó fuerza para asearlos con grandes lametones y abrigarlos del intenso frío con su cuerpo. Solo cuando los supo calentitos y seguros se permitió descansar un poco. Ella era una superviviente, había salido adelante después de ser abandonada cuando creció y dejó de parecer un juguete. Los cachorros heredaron su vitalidad y al cabo de unas semanas eran incontrolables y se aventuraban a salir cada vez más lejos del callejón. Sobre todo el de color vainilla que esa mañana se topó con un obstáculo inesperado, el camión de la basura.

     María, como tantos jóvenes que acababan sus estudios universitarios, no tenía trabajo. Se había graduado en Ciencias Ambientales porque estaba convencida de que nuestro planeta merecía una oportunidad para salvarse y ella se la iba a dar. De momento acababa  de encontrar un empleo relacionado con el tratamiento de residuos, aunque concretamente se encargaba de su recogida. Ese día al entrar en uno de los callejones más sucios algo se movió. Rezó para que no fuera alguno de los  roedores que eran su pesadilla. Nada más lejos de lo que realmente encontró, un cachorrito de color amarillo claro que, juguetón, lamía un envase vacío de natillas.
     Noël salía acompañado de su madre, como todas las mañanas para aprovechar el sol invernal. Se cruzó con María que regresaba de su trabajo y se paró a saludarle, no sin antes disculparse porque era consciente del olor que dejaba en ella su desagradable trabajo. Sin embargo a la madre de Noël no le importó pues apreciaba el cariño con que la muchacha mimaba al niño. Una bola peluda saltó del bolso de la muchacha y se las ingenió para colarse entre los bracitos inertes del niño. Alarmadas las dos mujeres trataron de impedirlo, pero ambas quedaron mudas al ver que Noël no solo no daba muestras de susto, sino que además sonreía, Noél sonreía y lo hacía con la mirada puesta en el cachorro, que a su vez lo observaba con curiosidad. María no tenía palabras pero la madre simplemente lloraba, aunque a la vez reía. Hasta entonces nada ni nadie habían llamado la atención del niño. La muchacha explicó que se trataba de un cachorro que encontró mientras trabajaba y que había decidido quedárselo, después de entregar a sus hermanos y madre a una asociación protectora. Le pensaba  llamar Natillas, por el color y por la forma en que lo encontró.
     Pero estaba claro que Natillas y Noël eran ya inseparables, ambos habían nacido el mismo día, a la misma hora y su destino era llegar a encontrarse.

 Asun©11/06/15

miércoles, 3 de junio de 2015

El lobo que cuidaba ovejas

 “La inquisición no tardará en llegar” Escuchó nítidamente, cómo lo decían sus alumnos ¿Eso pensaban de mi? ¡Si les consiento todo! Simples niñatos, es lo que son. ¿Acaso los he tumbado de un guantazo? Y bien que lo merecen, son ruidosos y no pierden la ocasión para reírse, como si la vida fuera una fiesta. Si los viera mi padre, ese sí que tenía buena mano, a los cinco o seis años, me cruzó la cara y me saltó un diente. No importó, fue por mi bien y solo era de leche. Inquisición, dicen. Cualquier día hago como mi viejo. A ver cómo me llaman luego.

Imagen de la red.
Asun©21 de mayo de 2015

jueves, 14 de mayo de 2015

Amanece

Amanecía. 
     Nunca deseó tanto ver la claridad que daba color al horizonte, perfilando poco a poco las siluetas de los montes circundantes. Pudo contemplar la dimensión de sus heridas. Si esperaba que todo hubiera sido un sueño, ahora tenía la prueba de su realidad. 
Pero estaba a salvo, aquel árbol tenía un hueco donde había pasado la noche, entre aullidos y la lucha por controlar la sangre que manaba de su cuerpo. 
Los aullidos habían cesado. Asomó la cabeza unos centímetros. Le llegó una ráfaga tibia de nauseabundo aliento, acompañada de un gruñido bestial y la última imagen que vería en vida: unos enormes colmillos que la atravesaron con implacable rapidez.





®Asun 30 de mayo de 2013
imagen de la red

domingo, 10 de mayo de 2015

Doce cañones

Marie observaba a Antoine. Le había visto enmudecer paulatinamente y al mismo ritmo aumentar las arrugas que enmarcaban su frente. Tras tantos años vividos a su lado conocía cada centímetro de su piel y cada sentimiento de su corazón por ello sabía que le ocurría esto cada vez que entregaba un encargo.
     No importaba si era una hermosa reja o una simple sartén. Todas las piezas salidas de sus manos, que tenían una inconfundible calidad y delicadeza, eran para él como hijos paridos de sus entrañas.
     Los hijos que ella no había podido darle.
Sus manos tan rudas y grandes, dulcificaban y daban vida a los metales.
     Si por algún revés del destino él  tuviera que elegir entre ella y la fragua, Marie sentía una punzada en su corazón al saber la respuesta. Punzada que se convertía en puñalada certera, cada vez que le veía acariciar el resultado de su último encargo.
      Una obra de colosal dimensión y bellísimo conjunto. Doce magníficos cañones, que el mismo Napoleón vendría a recoger.
Pero ¿podría él entregarlos?
     Supo la respuesta la madrugada del día señalado. Vio partir al Emperador Napoleón I, al Primer Cuerpo de Caballería, a los doce cañones y… a Antoine.


Relato para Esta Noche Te Cuento, puedes verlo y comentar pinchando AQUÏ

Asun©10 de mayo de 2015

sábado, 11 de abril de 2015

Quita el tapón y cuenta hasta 20

      

     El sol nos quemaba, como no podía ser de otra manera y aún así estábamos radiantes. El coche parecía aguantar todo cuanto le pedíamos, pero esta vez se había rendido a la suavidad de las arenas. Se hundía en un dulce abandono, como si quisiera disfrutar de un merecido descanso. 
    También nos hubiéramos dejado caer nosotros perezosamente sobre ese colchón rojizo tan tentador. Sin embargo nos afanábamos en sacar el auto del sopor en que parecía haber caído. Yo con la pala, achicando desierto, tú dando muestras de tu mejor cualidad, ese ánimo siempre arriba y tu gran capacidad de trabajo y cooperación. Por ello te pedimos que desinflaras las ruedas y para hacerlo por igual lo mejor era que dejaras salir el aire durante el mismo tiempo en todas ellas.

— Quita el tapón y cuenta hasta 20.
Dicho y hecho, te vimos quitar el primer tapón y con inmensa concentración quedarte mirando la rueda. Arrodillada en la duna, tan seria, “dieciocho, diecinueve”, esperando el milagro.
No lo podíamos creer, estallamos en una carcajada conjunta y eso que resultabas tan inocentemente encantadora.
— ¿Qué pasa? Estoy contando y he quitado el tapón.
     Tu cara lo decía todo no entendías nuestras risas, evidentemente no habías desinflado muchas ruedas, no. Hay que hacer algo más que quitar el tapón, un pequeñísimo detalle, porque si no, el aire no va a salir, ya cuentes hasta 20 o hasta 30.
     Esa jornada y otras después, más que el coche 616, fuimos el equipo del “quita el tapón y cuenta hasta 20”
Finalmente lo conseguimos y las arenas nos dejaron otras imágenes excepcionales, de las que se guardan como tesoros y nos dicen que no hay mejor aventura que la de vivir...



**Para Alberto, que ha cumplido un sueño, el de participar en el Rally Solidario del Atlas y para Bea que ha sido la mejor compañera de aventuras y digna merecedora de la frase "quita el tapón y cuenta hasta 20"
Asun©11/04/15

miércoles, 25 de marzo de 2015

Esta cárcel, mi cuerpo.


 Esta cárcel, estos hierros. No son duros los míos, apenas un poco de carne, mucha piel y leves huesos. Mi querida Teresa, compañera de desvelos. Esperabas tú encontrar la salida aún a costa de dolor tan fiero. Mas yo, sí que muero. ¿Cómo y quién me sacará de la cárcel en que se ha convertido mi cuerpo?
     Pero no muero y amanece otro día y otro día luego.
    De nuevo te leo, Teresa, tu tan sabia, tan cierta y sin embargo tan sencilla. Repito tus versos: ¡Ay que larga es la vida! ¡Qué duros estos destierros!

Asun 17de narzo de 2015


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martes, 17 de marzo de 2015

Supervivientes

     Pintando aquellos extraños bisontes, se había quedado dormida. Resultaba enternecedor el dulce abandono de su cabeza recostada y sus manitas sujetando apenas el lápiz.
     Después de escuchar el duro diagnóstico, nunca lo quise asimilar, convirtiéndola en mi sombra. Siempre a mi lado compartiendo mis rutinas y yo siempre presente en las suyas.
     Por las tardes la sentaba junto a mí, yo trabajaba pintando mientras le contaba cuentos improvisados sobre mis dibujos. Hace unas semanas salió de su mutismo.
Desde entonces coge torpemente mis lápices de colores y canturreando, no cesa de crear esos animales. Animales fuertes, poderosos, supervivientes como ella.
Asun©17/03/15
Imagen de la red

martes, 20 de enero de 2015

Te doy mi corazón

 “Usted es el primero que la abre” 

Se estremeció al oír la voz a su espalda. Era Juan, el anciano que parecía pertenecer a la casa, casi tanto como las paredes, las puertas o el mismo tejado. El conocía mejor que nadie la historia de su familia.  Desde que era capaz de recordar, siempre había estado allí. “Era de ella”, volvió a decir Juan.

Cerró la caja. Demasiado impresionado y demasiado tarde para arrepentirse. Ya nunca olvidaría aquella imagen, esa especie de víscera carcomida por los años. Junto a ella una nota de pulcra caligrafía, casi infantil.
Te doy mi corazón.
                                                      Amelia.






Asun©14 de enero de 2015-01-20
imagen recogida en la red

martes, 6 de enero de 2015

Envidias.


     Sin saber por qué, le di un puñetazo. Me arrepentí en el momento que mi mano tocó su cara, deseé no hacerle daño, no dejar ninguna marca en su sedosa y rosada piel. No quería rasgar sus delicados labios dejando escapar ese rojo néctar que los coloreaba de modo irresistible.
     Mas, cuando mi puño llegó a su rostro supe que su cara no sería nunca la misma. Su ovalo dejaría de ser perfecto. Su sonrisa caería del lado en que el maxilar se iba a partir. dibujada por unos labios desfigurados en una mueca absurda.  Su nariz parecería la de cualquier chato boxeador. Y aún así, sonreí triunfal.




Imagen de la red.

Asun©27 de diciembre de 2014

martes, 23 de diciembre de 2014

Me gusta la Navidad

Entramos en las últimas semanas del año. Entre música de campanillas, y árboles florecidos de luces. 
Y frío.
Me gusta ver la ilusión en los ojos de los niños. Me gusta ver la esperanza en los ojos de los padres. Me gusta el esfuerzo por quererse un poco más de los hermanos.

Me emociono con las historias de familias que superan malas rachas y hacen lo imposible por tener una cena especial.

Me emociono con la solidaridad de los que están un poquito mejor y comparten alguno de sus manjares.


Y me ilusiona pensar que la humanidad aún tiene mucho que decir y hacer, y todo es posible.

¿Verdad que todo es posible?





Asun©12 de diciembre de 2014

viernes, 12 de diciembre de 2014

Líneas de puntos

Había escrito cien veces: "te quiero”
Pero muy pocos podrían leerlo. A veces se había servido de esta circunstancia para desahogarse y gritar en el papel lo que no podía decir en palabras. La impotencia de caerse al bajar o subir casi todos los bordillos. El contratiempo de pisar la mayoría de los charcos. Escuchar la frase que se le clavaba como un puñal: ¡A ver si miras por dónde vas!
Entonces escribía toda clase de maldiciones contra el destino que hundió su vida en la oscuridad.
Sin embargo hoy todo eso quedó atrás.
Sonríe mientras otra línea de puntos se añade a las anteriores. 

Asun©30 de noviembre de 2014
Imagen de la red.



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Marianita, la blanca.

Marianita, la blanca, estaba a un paso de arder en la hoguera.
Al filo de las doce de la noche del último día del año, con la última campanada del reloj de la catedral, comenzaría la danza del fuego.
Quizá su destino estuvo escrito el mismo día en que nació.
Demasiado blanca para su clase. Delicada y dulce hasta desesperar. El amo dudó de su paternidad. Semejante birria de niña no podía ser de su cosecha, aunque tampoco parecía hija de esa poderosa jaca que era la Mariana.

Marianita creció a golpes, porque el amo cerraba los ojos para no ver su fragilidad y la trataba peor que al resto de sus criados. Ella etérea y liviana lo resistía todo.

A los 15 años era hermosa, su tez no se había oscurecido un ápice y su cuerpo aunque  menudo, tenía  proporciones justas para enloquecer.
El amo perdió la compostura por ella y su hijo Rodrigo, perdió mucho más, el entendimiento entero.

¡Bruja! Acusaron públicamente. ¡Bruja! La niña era capaz de arrebatar almas y conciencias, guiada sin duda por el maligno. Así resolvieron tan incómoda situación.

31 de diciembre, noche cerrada.
Marianita, la blanca, daba su último paso hacia la hoguera.

  

Asun©9 de diciembre de 2014

Puedes comentar en Esta noche te cuento













Imagen de la red

lunes, 1 de diciembre de 2014

Un sitio en el mundo para Sara.( 3 día internacional de la Discapacidad)

Acababa el mes de junio, no tenía mucho que hacer.  Terminaba de volver de un viaje por algunas capitales europeas con los compañeros de la universidad. Todos los exámenes aprobados y sin un duro en los bolsillos. 
Así las cosas mi madre me estaba proponiendo un trabajo.
   
El trabajo que menos hubiera podido imaginar. Cuidar niños. Al ver mi reacción, me lo explicó: no se trataba de bebés, ni de niños de ninguna otra edad. Se trataba de Sara, la hija de Julia y Paco, sus amigos. Sería en principio todo el mes de julio.

     Sara tiene mi edad, pero es muy especial, yo nunca supe a qué tipo de “niños especiales” pertenecía, pero a medida que dejamos de ser niños, quedó patente que había una distancia que nos separaba, ese límite intelectual imaginario que hace que unas personas avancen y otras se queden detenidas en los primeros cursos del colegio para siempre. Sin embargo ese pequeño retraso no se apreciaba fácilmente en el resto de su vida diaria.

Acepté, conocía a Sara, aunque ahora hacía tiempo que no la veía, recordaba que era muy divertida, y el trabajo solo consistía en estar con ella durante la mañana, simplemente para que no estuviera sola. Evidentemente no tendría que cuidarla en el sentido estricto de la palabra, solo hacerle compañía, compartir el desayuno, y ayudarla si necesitaba algo. Y en su casa tenían piscina.
  
 El primer día me impresionó, me pareció preciosa, pero preciosa, no como Heidi, preciosa como… bueno preciosa quizá no era la palabra, me pareció deseable.

Julia se marchó entre recomendaciones de todo tipo, y recordándome que si ocurría algo la llamáramos inmediatamente, pero me dio un beso y me aseguró que se iba “supertranquila” y que me agradecía mucho que estuviera allí.

Pronto comprobé que Sara era muy parecida al resto de mis amigas de 20 años. Eso sí un poquito más lenta y con un deje de tartamudeo al hablar y ese dejar la boca demasiado tiempo abierta, a veces le caía un hilillo de saliva, que ella limpiaba azorada, y en varias ocasiones comprobé que aprovechaba esto para convertirlo en un gesto sensual y sexi, que al principio me dedicaba tímida, pero luego creo que lo hacía con el mayor desparpajo.

Al cabo de una semana, ya nos habíamos creado una rutina, desayunábamos, veíamos la tele y recogíamos un poco la cocina, luego salíamos al jardín y nadábamos. Era genial nadar junto a ella,

Sara nadaba estupendamente, tenía su habitación llena de diplomas,  medallas y copas, no en vano entrenaba en un club y había competido en el campeonato de España. Esto me había impresionado de verdad, porque tenía delante de mí a una persona nueva, mucho más interesante y valiosa de lo que había imaginado hasta ahora.

 Cuando finalizaba el mes de Julio, yo estaba muy nervioso. Y no era capaz de saber que me ocurría, o no era capaz de reconocerlo.
No había ningún momento del día en que Sara estuviera fuera de mi pensamiento. Tampoco en las noches se iba de mí, soñaba con ella, me despertaba con ella, quería estar siempre a su lado.

Ese día habían quedado todos mis amigos, haciendo un esfuerzo se pusieron de acuerdo, pues luego cada uno se iría de vacaciones y posiblemente no se verían hasta principios del curso siguiente. Así que acepté ir, pero  llevando a Sara.

Esa mañana se lo propuse a ella, y antes de que su madre se fuera a trabajar, le pedí permiso. Se negó rotundamente. ¡N0!, Sara no saldría de fiesta ni conmigo ni con nadie.

— ¿No te das cuenta? ¿Cómo vas a salir con ella?, mírala, ¿qué va a hacer entre tus amigos?, se van a reír de ella y tú los acompañaras en sus burlas. Seguro que eso es lo que has hecho todo este mes, burlarte de ella, la pobrecita y boba de Sara.

— ¿Pero qué estás diciendo?

Me levanté, totalmente indignado alcancé la puerta y prefí salir, pues no tenía palabras para seguir esa conversación.
Tanto como las palabras me había herido el tono de desprecio con que las pronunció, especialmente la última frase “la pobrecita y boba de Sara”

Sara lloraba, y su madre también. Iba a marcharme arrebatado por la rabia y la impotencia de haber escuchado aquello en boca de Julia. Pero respiré, no podía dejar así a Sara,  respiré hondo y volvió sobre sus pasos. 

- Julia, eso que acabas de decir, no es cierto, lo sabes. No creo que lo pienses. Puede que Sara tenga un problema, una enfermedad, lo que sea. Pero si la mantienes lejos del mundo, como hasta ahora, eres tú la que creas y agrandas esa diferencia. Yo mismo lo pensaba, Sara, la niña eterna, nunca hubiera pensado en verla conmigo o con mis amigos de fiesta una noche. Hasta que la he conocido.
Deja que el mundo la conozca, y que ella se mezcle con el mundo.
Yo la quiero, creo que ella también a mí. Y queremos vivir este momento, creo que tenemos derecho.
Y mis amigos no son ogros, conocerán a Sara y la querrán como yo, pero tienen que conocerla.

Este discurso hizo que Julia se sintiera mas avergonzada. Y musitara un “perdonadme”, mientras se dejaba caer en la silla.

Sara iluminó su cara con esas sonrisas que hacían que el mundo se volviera mágico, y la abrazó.
Luego se volvió hacia mí, y me besó con un beso que parecía inocente, pero estaba lleno de seguridad.

Julia se rindió a la evidencia. El destino estaba poniendo a todos en su sitio.  Nos vio  juntos, con las manos entrelazadas y supo que yo estaba allí para rescatar a su hija.

Para enseñársela al mundo.

Para permitir que Sara encontrara su sitio en él.





Asun© 28 de agosto de 2013
imagen tomada de la red