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Mi otro blog

Espero os gusten los pequeños relatos que compartiré, así como lo que me ronde por la cabeza y me parezca importante compartir.


Ilusión

Ilusión
Que la ilusión nos acompañe todos los días del año.

martes, 22 de julio de 2014

La emigrante

         Te dejé, a ti, a tus mentiras y a tus humillaciones. Entré en el parque y  me senté en uno de los bancos. Alguien se sentó a mi lado, un anciano. Llevaba una vieja radio y una voz antigua cantaba:

Cuando salí de mi tierra
volví la cara llorando
porque era lo que más quería
atrás me lo iba dejando.

Entonces dejé que las lágrimas se desbordaran a su antojo. El señor me miró y dijo:
— Señorita ¿Le molesta la música?
— No, al contrario me ha emocionado— sollocé.
— ¿Es usted emigrante?
— En cierto modo sí. Hoy empiezo una nueva vida.







Asun©20/07/14

jueves, 17 de julio de 2014

Alex Darío

— ¿Te gusta leer? A mí me encanta.
— Si, me leo todo, cualquier cosa que caiga en mis manos.
Era cierto, estaba ojeando el primer libro que cayó en mis manos, todo por acercarme a ella. Pero no recordaba cuál era el último libro que había empezado, y menos cuál fui capaz de leer entero.
— ¿Conoces a Alex Darío?
No respondí inmediatamente, decir que sí era arriesgado, pero no podía decir que no.
— Si claro.
— ¿A que no es para tanto?
— No, claro que no, es de lo más normal.
— ¿Tu crees? Pues ya ves las ventas que tiene.
— Precisamente lo comercial no tiene nada de literario.
— Puede ser, quizá ha aprovechado el tirón de la literatura fantástica juvenil.
— Sin duda, ahora los jóvenes leen cualquier cosa, con tal de que transcurra en un mundo de fantasía y romanticismo, y no digamos si intervienen varitas mágicas.
— O colmillos. Pero Alex, aún ha ido más allá.
— Si, basura todo. Y lo de Alex  igual, sin remedio.
Admiré lo bien que estaba quedando, inventando mis respuestas.
— Oye, me tengo que ir. Me ha gustado hablar contigo, ¿te llamas?
— Pablo Gómez ¿y tú?
— Alexandra, pero me conoce casi todo el mundo por Alex, Alex Darío.






Asun®3 de abril de 2014

lunes, 7 de julio de 2014

La cita

Acepté la cita más extraña que nunca hubiera imaginado.
Pero todo era extraño en mi vida desde el día anterior.
 — Hay dolencias y  lesiones que no muestran cara alguna hasta que esa cara es muy, muy fea, espantosa.
Era una bonita forma de decirlo, aunque no restaba dramatismo, mi madre acababa de sufrir un infarto, estaba muy grave. No me había dado cuenta hasta entonces de lo reducido de mi mundo, mi madre y yo.
Y ahora Anselmo.
Fui a la cita. Quité el contacto del coche echando un largo vistazo al lugar en que me encontraba. Un típico hotel de carretera. No había estado en ninguno e inevitablemente lo asocié a los sórdidos relatos de novela negra.
Me abrí paso hasta un pequeño mostrador de recepción. Un hombre de mediana edad me indicó la habitación donde él me esperaba.
Tras unos toques leves en la puerta me llegó el eco de unos pasos y finalmente se abrió. Al verle comprendí la dimensión de la palabra “padre”. Pensé que todo era una confusión, seguramente no dijo  ser “mi padre Anselmo” sino “el padre Anselmo”.

—Pasa... hija, sí, soy tu padre. Y también el padre Anselmo, prelado doméstico de su santidad.

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 Asun©2de julio de 2014


Ilustración Petra Acero