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Mi otro blog

Espero os gusten los pequeños relatos que compartiré, así como lo que me ronde por la cabeza y me parezca importante compartir.


Ilusión

Ilusión
Que la ilusión nos acompañe todos los días del año.

lunes, 21 de diciembre de 2015

El mejor regalo

      Imaginó que estaba en una casa grande. Sus padres eran los dueños y tenían varios criados. Uno de ellos la acomodó en una mesa enorme, repleta de cosas riquísimas. 
Un precioso paquete con lazos rosas esperaba en su dormitorio. La casa de muñecas que tanto había deseado era su regalo de Navidad. Era feliz, pero sentía un vacío extraño. 
Algo rozó su cara y le hizo despertar. Su madre la arropaba con un dulce beso que escondía una lágrima por no poder ofrecerle nada más. Abrió los ojos y olvidó todo lo soñado. 
Sonriendo, supo que tenerla a su lado era el mejor regalo posible.



Asun@16/10/14
Imagen tomada de la red

lunes, 14 de diciembre de 2015

Última Partida


     Las besa con suma conciencia para no equivocarse. Ha puesto todo sobre la mesa, literalmente. Acaba de dar el salto sin retorno al abismo profundo de la perdición.  
      En un breve flashback, recorre su trayectoria desde que comenzó. Primero con pantalón corto, la cara sembrada de acné y los ojos bailando de emoción, era la primera vez. Luego diferentes casas, diferentes colegas. Alguna compañera también, con la que hubo algo más en la oscuridad de algún callejón sucio. 
     Mira de soslayo a sus compañeros de juego mientras besa apasionadamente sus cartas.
Ahora, no sabe si desea ganar o perder.

Asun©2/12/2015
Imagen recogida en la red.

martes, 1 de diciembre de 2015

Invisibles.

    Vuelven a ser invisibles, cuando María desvía la mirada y se pierde entre las hojas del abedul, como la brisa suave de la tarde. Sus ojos que hace un momento eran vivos, habían quedado empañados por un opaco velo y ella misma parecía haberse ocultado tras una cortina inexistente. 
   Ellos se quedan contemplándola, esperando a que regrese de ese lugar donde pasa cada día más tiempo. Anochece en el jardín, la brisa se ha convertido en viento recio y la casa se ha quedado fría. Paco mira apesadumbrado a sus hijos. Sabe que su mujer no va a regresar, al menos hoy ya no.

Asun 22/10/2015

viernes, 27 de noviembre de 2015

Una filosofía de vida

Esta vecina mía es increíble. No sabe lo mucho que tengo que agradecerle las tardes que compartimos, lo disfraza de manera que parece que es ella la que me necesita, pero las dos sabemos que sin su manera de ser, yo estaría hundida aún, en la noche sin fin de la partida de mi marido.
Me hace sentir como una niña, o como la adolescente a punto de cumplir los 18, con toda la juventud e ilusión por delante. Con la certeza de que lo mejor está por llegar.
Esta mañana me he cruzado con ella en la escalera y entre resoplido y resoplido, le he hecho notar lo bien que la encontraba. Ella con sus palabras siempre acertadas me ha resumido su filosofía de vida.
– Mira niña, cada día para mí es ya un día regalado. Pero es verdad que hoy estoy muy bien. ¿Y sabes por qué? Porque no dejan de pasarme cosas buenas.
– ¿Si? Qué suerte tiene usted.
– La misma que tú, tienes que admitir que has mejorado mucho, estás más tranquila. La vida a ti, como a mí, nos está sonriendo. Y el cuerpo como el corazón, se alimenta de las cosas buenas que nos ocurren.

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lunes, 23 de noviembre de 2015

Aniversario


     
7 de noviembre, una entrevista de trabajo me ha llevado a un barrio apartado y desconocido. Un perro parecía seguirme de camino hacia allí. La entrevista, mucho ruido y pocas nueces. Pero el perro sigue ahí fuera, es enorme y me mira. Me espera. Parece ser que los animales pueden oler y sentir nuestro miedo, pues este se está dando un festín con el mío. Alguien baja, sin importarme quien sea, me echo en sus brazos pidiéndole apasionadamente que salga conmigo. 
    7 de noviembre, nuestro aniversario. Felices, como cada año, tú y yo, brindamos por todos los perros del mundo.


Asun©29/10/2015
Imagen de la red

viernes, 13 de noviembre de 2015

Adivinanza



Sin pensar lo haces,
Si no lo haces mueres,
Si mueres no lo haces
Si vives lo haces siempre. 





(Noicaripser al)
Asun®29 de junio de 2014
ilustración Asunción Buendía

martes, 27 de octubre de 2015

Concierto Desván de Sueños

Que es bueno tener amigos, lo sabemos todos, pero que es maravilloso tener los mejores, eso lo sé yo mejor que nadie.
Hoy hablo de dos de mis amigas, Luz y Marina, ellas cantan, actúan y sienten tanto que nos hacen sentir a los que las escuchamos y a veces hasta nos hacen cantar, lo cual en mi caso ya es algo entre proeza y temeridad.
Desde aquí mi reconocimiento y mi deseo de que no dejen nunca de hacernos partícipes de su don, el de la música, a través de sus voces.
 Grandes estas dos mujeres.



domingo, 18 de octubre de 2015

“Maldito seas ( )”

Asistía al entierro de una anciana vecina de mi madre. Curiosa iba leyendo la letanía de epitafios de las tumbas, casi todos iguales, impersonales o empalagosos.
     Muy cerca, en la siguiente sepultura, rezaba uno que llamó mi atención.
“Maldito seas …”
     Algo en él indica que falta una tercera palabra. Intrigada me separo un poco de mi comitiva para verlo más de cerca, pero me detengo porque hay una mujer en la lápida. Como si mi mirada le hubiera tocado en el hombro, se vuelve y me contempla. Avergonzada dibujo un lo siento con mis labios. Me mira desde unos ojos asombrosamente vivos y jóvenes, en contraste con un rostro arrugado. Asiente con la cabeza y extiende la mano para repasar con un dedo tembloroso y artrítico, el contorno de las palabras: maldito seas… y la tercera antes borrada y ahora tan nítida como las anteriores “amor”. Me recorre un estremecimiento, creo comprender la dimensión de la leyenda, toda la pasión del amor y el dolor de una vida de ausencia, caben en esas tres palabras.
     Con emoción contenida vuelvo los ojos hacia ella, comprobando que ha desaparecido, igual que la tercera palabra.

     Entonces, aturdida, reparo en la fecha: 1815.
Asun©18/10/15

martes, 13 de octubre de 2015

Cumpleaños

   
      El puñetero ojo de la cerradura era demasiado pequeño. No conseguí ver nada. Pero los ruidos procedentes del cuarto eran suficientemente reveladores. Traqueteo de muelles, gemidos y hasta algún gritito sofocado.  Me fui de casa no dando crédito. No podía ser. No, él no, jamás. Y menos el día de mi cumpleaños.
     Volví ya muy entrada la noche, con mil mensajes y otras tantas llamadas ignoradas. Él me esperaba y parecía preocupado de veras, entonces vi una caja que se movía, rodeada de un gran lazo rosa. Dentro mi regalo, que jadeaba y daba grititos agudos.
— No sabes la pelea que tuvimos hasta que lo conseguí meter ahí.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Cincuenta y tres

      ¡Cuánta fuerza y qué poca puntería! Era lo que me decía mi padre, cada vez que despachaba a algún mozo con cajas destempladas. Siempre fui tan temperamental como impetuosa. Para bien o para mal, invertía el orden de los factores. Primero actuaba, luego pensaba y el resultado si que alteraba el producto. Con los años aprendí a contar, hasta diez, hasta cincuenta, me volví dócil, pacientemente sumisa. En boca de los demás, simplemente con él encontré la horma de mi zapato. Hasta hoy.

      Cincuenta y uno, cincuenta y dos… suficiente, se acabó. O lo mato yo, o tendré que morir en sus brazos.

Asun©16/09/15

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Olviditos

     Al abrir el contenedor, se dio cuenta de que estaba empezando a olvidar el nombre de las cosas. Miraba aquellos objetos sin poder nombrarlos. Esto le atormentaba sobremanera. Sin embargo recordó tranquilamente, para qué los había utilizado. Algo  fino de afilado corte, que acarició, igual que cuando lo hundió en el corazón de ella. Un cabo de cuerda, fuerte y ancha, con la que le inmovilizó brazos y piernas. Un mechón de algo rubio. Una especie de fundas, de las cuales solo necesitó una para introducirla antes de tirarla al canal.
     Imposible, no era capaz de recordar.


     A media mañana, apesadumbrado volvió al sótano, repentinamente miró al contenedor y triunfal dijo casi gritando: Baúl, cuchillo, soga, pelo, bolsas.

Asun©2 de septiembre de 2015

viernes, 21 de agosto de 2015

La bicicleta de la señora Carmen

En cuanto supo que tenía nueva vecina, doña Carmen llamó a mi puerta para presentarse. Era una mujer preciosa, a sus ochenta años largos conservaba un distinguido porte y me sorprendió comprobar cómo congeniamos de inmediato.

    Tanto que decidimos adoptarnos. Al fin y al cabo a mí me faltaba una abuela, ya que no había conocido a la mía materna y ella decía no tener hijos y añoraba la compañía de algún nieto.

     Sin embargo, mi madre no entendía esta complicidad.

     Mi madre era  adusta y desconfiada, quizá porque perdió a la suya cuando era muy niña en traumáticas circunstancias.

     Una tarde Carmen me regaló uno de sus mayores y mejor conservados tesoros: su bicicleta. Una reliquia de los años 40, pero tan limpia y dispuesta, como si nunca hubiera dejado de usarse.
Resultado de imagen de bicicletas de los años 40
     Como no me cabía en casa me convenció para que la guardara mi madre. Aunque precisamente ella aborrecía, sin saber exactamente por qué, las bicicletas. Carmen insistió: “Tú dile que venga, que esta le va a gustar”.

     Cuando la vio, dudó unos segundos pero pasó su  mano por el lomo metálico, acariciándolo,  como si ya conociera ese tacto. Luego miró a Carmen y temblando dijo: “¿eres tú?”



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lunes, 17 de agosto de 2015

Momentos//Reencuentro

Amanece, voy a tu encuentro.
Saludan mis pies, sonríe mi cuerpo,
Te acercas, aún con respeto, improvisas una caricia tierna.
Ha pasado tanto tiempo.
Buscas mis huellas, juegas alrededor, dudas.
¿Serán de ella?
Son profundas y tú extrañas aquellas, tan livianas como eran.
      Soy yo, si.
  Cargada de  vida, que ya me pesa.
          Momentos.
    Un grano de arena, una cresta de espuma,
      Una brisa que se transforma en viento
     Amanece, vienes a mi encuentro.



                                              

lunes, 20 de julio de 2015

La losa

Algo no iba bien. No era el vestido que le quedaba perfecto, aunque fuera el de su cuñada que se había casado cuatro años antes. No eran los invitados, que acudieron a la cita, adecuadamente vestidos, la emoción pintada en sus caras. Todos la querían y deseaban sinceramente su felicidad. Igual que su familia. Pero algo no iba bien. ¿Qué pasaba? ¿Qué sensación era esa? Respiró, se tomó un segundo para responderse. Dejó la mente en un blanco tan inmaculado como su vestido y contempló la única imagen que se repetía en un bucle interminable: Una compacta losa cayéndole encima.

Asun©3 de julio de 2015
Imagen de la red

jueves, 18 de junio de 2015

Tranquila, mamá.

Toses en la habitación de su madre la sacaron de su duermevela. Aguardó unos minutos calibrando el grado de ahogo y la frecuencia de los ataques. Un acceso, un suspiro hondo y otro aún más profundo que el anterior.
     Mecánicamente se levantó, se calzó las zapatillas. La temperatura se había desplomado, aunque, camino de la habitación, no era eso lo que la hacía temblar.
     Su madre seguía en la misma posición en que la había dejado al acostarla, excepto por la mano que caía descuidadamente fuera de la cama, como sin vida.
     Al encender la lamparita le descubrió un mohín, un puchero infantil, pero que resultaba grotesco en su arrugado rostro. Le acomodó la almohada y le retiró un mechón blanquecino, rebelde. Metió de nuevo su mano bajo el edredón y le secó un hilillo de saliva que se escapaba por la comisura de su torcida boca. Finalmente depositó un beso dulce y breve en la frente al tiempo que susurraba, acunándola con ternura, “tranquila mamá, estoy aquí, yo siempre te protegeré”.

     Luego regresó a su habitación luchando con los monstruos que la acechaban en el pasillo, apremiándola con susurros envolventes, para que hiciera “descansar” por fin a su madre.
 
Asun©11/06/15

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jueves, 11 de junio de 2015

Noël y Natillas

   

Relato para un acto de solidaridad para salvar perritos que han sido abandonados. (El Campito) organizado por mis amigas Luz y Marina.
-*-*-*
 Noël nació un hermoso día de Navidad. Aunque sus padres estaban impacientes porque llegara, cuando lo hizo fue una sorpresa, pues le quedaban dos meses para la fecha prevista. Todos los bebés son los más bonitos, al menos para sus padres y no digamos para sus orgullosos abuelos. Pero Noël era realmente precioso. Siempre estaba tranquilo, no protestaba jamás, ni al despertarse, ni en el baño, ni siquiera cuando tenía hambre era capaz de llorar mucho. Pronto esta tranquilidad empezó a preocupar a todos, incluido su médico. Noël tenía un problema grave, vivía en su mundo, ajeno a la realidad que le rodeaba.
     Mientras Noël llegaba al mundo, en las afueras de la ciudad nacían también otros tres bebés. Estos lo hacían entre escombros y basuras. Su madre a pesar de estar escuálida sacó fuerza para asearlos con grandes lametones y abrigarlos del intenso frío con su cuerpo. Solo cuando los supo calentitos y seguros se permitió descansar un poco. Ella era una superviviente, había salido adelante después de ser abandonada cuando creció y dejó de parecer un juguete. Los cachorros heredaron su vitalidad y al cabo de unas semanas eran incontrolables y se aventuraban a salir cada vez más lejos del callejón. Sobre todo el de color vainilla que esa mañana se topó con un obstáculo inesperado, el camión de la basura.

     María, como tantos jóvenes que acababan sus estudios universitarios, no tenía trabajo. Se había graduado en Ciencias Ambientales porque estaba convencida de que nuestro planeta merecía una oportunidad para salvarse y ella se la iba a dar. De momento acababa  de encontrar un empleo relacionado con el tratamiento de residuos, aunque concretamente se encargaba de su recogida. Ese día al entrar en uno de los callejones más sucios algo se movió. Rezó para que no fuera alguno de los  roedores que eran su pesadilla. Nada más lejos de lo que realmente encontró, un cachorrito de color amarillo claro que, juguetón, lamía un envase vacío de natillas.
     Noël salía acompañado de su madre, como todas las mañanas para aprovechar el sol invernal. Se cruzó con María que regresaba de su trabajo y se paró a saludarle, no sin antes disculparse porque era consciente del olor que dejaba en ella su desagradable trabajo. Sin embargo a la madre de Noël no le importó pues apreciaba el cariño con que la muchacha mimaba al niño. Una bola peluda saltó del bolso de la muchacha y se las ingenió para colarse entre los bracitos inertes del niño. Alarmadas las dos mujeres trataron de impedirlo, pero ambas quedaron mudas al ver que Noël no solo no daba muestras de susto, sino que además sonreía, Noél sonreía y lo hacía con la mirada puesta en el cachorro, que a su vez lo observaba con curiosidad. María no tenía palabras pero la madre simplemente lloraba, aunque a la vez reía. Hasta entonces nada ni nadie habían llamado la atención del niño. La muchacha explicó que se trataba de un cachorro que encontró mientras trabajaba y que había decidido quedárselo, después de entregar a sus hermanos y madre a una asociación protectora. Le pensaba  llamar Natillas, por el color y por la forma en que lo encontró.
     Pero estaba claro que Natillas y Noël eran ya inseparables, ambos habían nacido el mismo día, a la misma hora y su destino era llegar a encontrarse.

 Asun©11/06/15

miércoles, 3 de junio de 2015

El lobo que cuidaba ovejas

 “La inquisición no tardará en llegar” Escuchó nítidamente, cómo lo decían sus alumnos ¿Eso pensaban de mi? ¡Si les consiento todo! Simples niñatos, es lo que son. ¿Acaso los he tumbado de un guantazo? Y bien que lo merecen, son ruidosos y no pierden la ocasión para reírse, como si la vida fuera una fiesta. Si los viera mi padre, ese sí que tenía buena mano, a los cinco o seis años, me cruzó la cara y me saltó un diente. No importó, fue por mi bien y solo era de leche. Inquisición, dicen. Cualquier día hago como mi viejo. A ver cómo me llaman luego.

Imagen de la red.
Asun©21 de mayo de 2015

jueves, 14 de mayo de 2015

Amanece

Amanecía. 
     Nunca deseó tanto ver la claridad que daba color al horizonte, perfilando poco a poco las siluetas de los montes circundantes. Pudo contemplar la dimensión de sus heridas. Si esperaba que todo hubiera sido un sueño, ahora tenía la prueba de su realidad. 
Pero estaba a salvo, aquel árbol tenía un hueco donde había pasado la noche, entre aullidos y la lucha por controlar la sangre que manaba de su cuerpo. 
Los aullidos habían cesado. Asomó la cabeza unos centímetros. Le llegó una ráfaga tibia de nauseabundo aliento, acompañada de un gruñido bestial y la última imagen que vería en vida: unos enormes colmillos que la atravesaron con implacable rapidez.





®Asun 30 de mayo de 2013
imagen de la red

domingo, 10 de mayo de 2015

Doce cañones

Marie observaba a Antoine. Le había visto enmudecer paulatinamente y al mismo ritmo aumentar las arrugas que enmarcaban su frente. Tras tantos años vividos a su lado conocía cada centímetro de su piel y cada sentimiento de su corazón por ello sabía que le ocurría esto cada vez que entregaba un encargo.
     No importaba si era una hermosa reja o una simple sartén. Todas las piezas salidas de sus manos, que tenían una inconfundible calidad y delicadeza, eran para él como hijos paridos de sus entrañas.
     Los hijos que ella no había podido darle.
Sus manos tan rudas y grandes, dulcificaban y daban vida a los metales.
     Si por algún revés del destino él  tuviera que elegir entre ella y la fragua, Marie sentía una punzada en su corazón al saber la respuesta. Punzada que se convertía en puñalada certera, cada vez que le veía acariciar el resultado de su último encargo.
      Una obra de colosal dimensión y bellísimo conjunto. Doce magníficos cañones, que el mismo Napoleón vendría a recoger.
Pero ¿podría él entregarlos?
     Supo la respuesta la madrugada del día señalado. Vio partir al Emperador Napoleón I, al Primer Cuerpo de Caballería, a los doce cañones y… a Antoine.


Relato para Esta Noche Te Cuento, puedes verlo y comentar pinchando AQUÏ

Asun©10 de mayo de 2015

sábado, 11 de abril de 2015

Quita el tapón y cuenta hasta 20

      

     El sol nos quemaba, como no podía ser de otra manera y aún así estábamos radiantes. El coche parecía aguantar todo cuanto le pedíamos, pero esta vez se había rendido a la suavidad de las arenas. Se hundía en un dulce abandono, como si quisiera disfrutar de un merecido descanso. 
    También nos hubiéramos dejado caer nosotros perezosamente sobre ese colchón rojizo tan tentador. Sin embargo nos afanábamos en sacar el auto del sopor en que parecía haber caído. Yo con la pala, achicando desierto, tú dando muestras de tu mejor cualidad, ese ánimo siempre arriba y tu gran capacidad de trabajo y cooperación. Por ello te pedimos que desinflaras las ruedas y para hacerlo por igual lo mejor era que dejaras salir el aire durante el mismo tiempo en todas ellas.

— Quita el tapón y cuenta hasta 20.
Dicho y hecho, te vimos quitar el primer tapón y con inmensa concentración quedarte mirando la rueda. Arrodillada en la duna, tan seria, “dieciocho, diecinueve”, esperando el milagro.
No lo podíamos creer, estallamos en una carcajada conjunta y eso que resultabas tan inocentemente encantadora.
— ¿Qué pasa? Estoy contando y he quitado el tapón.
     Tu cara lo decía todo no entendías nuestras risas, evidentemente no habías desinflado muchas ruedas, no. Hay que hacer algo más que quitar el tapón, un pequeñísimo detalle, porque si no, el aire no va a salir, ya cuentes hasta 20 o hasta 30.
     Esa jornada y otras después, más que el coche 616, fuimos el equipo del “quita el tapón y cuenta hasta 20”
Finalmente lo conseguimos y las arenas nos dejaron otras imágenes excepcionales, de las que se guardan como tesoros y nos dicen que no hay mejor aventura que la de vivir...



**Para Alberto, que ha cumplido un sueño, el de participar en el Rally Solidario del Atlas y para Bea que ha sido la mejor compañera de aventuras y digna merecedora de la frase "quita el tapón y cuenta hasta 20"
Asun©11/04/15

miércoles, 25 de marzo de 2015

Esta cárcel, mi cuerpo.


 Esta cárcel, estos hierros. No son duros los míos, apenas un poco de carne, mucha piel y leves huesos. Mi querida Teresa, compañera de desvelos. Esperabas tú encontrar la salida aún a costa de dolor tan fiero. Mas yo, sí que muero. ¿Cómo y quién me sacará de la cárcel en que se ha convertido mi cuerpo?
     Pero no muero y amanece otro día y otro día luego.
    De nuevo te leo, Teresa, tu tan sabia, tan cierta y sin embargo tan sencilla. Repito tus versos: ¡Ay que larga es la vida! ¡Qué duros estos destierros!

Asun 17de narzo de 2015


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martes, 17 de marzo de 2015

Supervivientes

     Pintando aquellos extraños bisontes, se había quedado dormida. Resultaba enternecedor el dulce abandono de su cabeza recostada y sus manitas sujetando apenas el lápiz.
     Después de escuchar el duro diagnóstico, nunca lo quise asimilar, convirtiéndola en mi sombra. Siempre a mi lado compartiendo mis rutinas y yo siempre presente en las suyas.
     Por las tardes la sentaba junto a mí, yo trabajaba pintando mientras le contaba cuentos improvisados sobre mis dibujos. Hace unas semanas salió de su mutismo.
Desde entonces coge torpemente mis lápices de colores y canturreando, no cesa de crear esos animales. Animales fuertes, poderosos, supervivientes como ella.
Asun©17/03/15
Imagen de la red

martes, 20 de enero de 2015

Te doy mi corazón

 “Usted es el primero que la abre” 

Se estremeció al oír la voz a su espalda. Era Juan, el anciano que parecía pertenecer a la casa, casi tanto como las paredes, las puertas o el mismo tejado. El conocía mejor que nadie la historia de su familia.  Desde que era capaz de recordar, siempre había estado allí. “Era de ella”, volvió a decir Juan.

Cerró la caja. Demasiado impresionado y demasiado tarde para arrepentirse. Ya nunca olvidaría aquella imagen, esa especie de víscera carcomida por los años. Junto a ella una nota de pulcra caligrafía, casi infantil.
Te doy mi corazón.
                                                      Amelia.






Asun©14 de enero de 2015-01-20
imagen recogida en la red

martes, 6 de enero de 2015

Envidias.


     Sin saber por qué, le di un puñetazo. Me arrepentí en el momento que mi mano tocó su cara, deseé no hacerle daño, no dejar ninguna marca en su sedosa y rosada piel. No quería rasgar sus delicados labios dejando escapar ese rojo néctar que los coloreaba de modo irresistible.
     Mas, cuando mi puño llegó a su rostro supe que su cara no sería nunca la misma. Su ovalo dejaría de ser perfecto. Su sonrisa caería del lado en que el maxilar se iba a partir. dibujada por unos labios desfigurados en una mueca absurda.  Su nariz parecería la de cualquier chato boxeador. Y aún así, sonreí triunfal.




Imagen de la red.

Asun©27 de diciembre de 2014